¿Cuál es tu Historia?

Hacedores de historia

Efesios 4:17-24

Hay quienes creen que la historia tiene que ver solamente con el pasado, pero en realidad la historia de una nación, de un pueblo, de una persona o la historia de un creyente, están necesariamente relacionadas con el PASADO, pero también con el PRESENTE y aún con el FUTURO.

Las tres fases de la historia del creyente

El pasado en la historia de los hijos de Dios está enmarcado desde la procreación en el vientre de la madre hasta el mismo instante en que se recibe a Jesús como único Salvador. En este periodo de la vida del ser humano se experimentan logros pero también fracasos, éxitos pero también derrotas, satisfacciones pero también frustraciones, reconocimiento pero también menosprecio, alegrías pero también tristezas. Es decir, son un cúmulo de vivencias en las áreas fami liar, social, cultural, laboral, intelectual y desde luego espiritual. En el ámbito espiritual, con todos los intentos fallidos de búsqueda de Dios como consecuencia de la dureza de corazón. Todo este pasado lo vamos a denominar el viejo hombre, que según Colosenses 3:9 arrastra todos los hechos y vivencias que mencionamos anteriormente.

Vamos a definir como presente del redimido por la sangre de Cristo, aquel período de la vida entre el nuevo nacimiento, es decir desde que una persona acepta a Jesús como Salvador y Redentor hasta la fecha actual, pero con énfasis en el día de hoy. En este trayecto de la vida como salvos y con la ayuda permanente y siempre a disposición del poder del Espíritu Santo, el panorama cambia porque se tienen dos desafíos:

  • por un lado, despojarse de la vieja manera de vivir.
  • por otro lado, renovarse en el pensamiento y en el corazón diariamente con la fuente de vida que es la Palabra d e Dios.

Esto significa un gran conflicto entre la vieja naturaleza y el nuevo hombre que hoy quiere ser el creyente.
En esta experiencia diaria, Dios sana, libera y restaura toda situación que perjudicó al ser humano en el pasado y por otro lado Dios confirma y respalda al creyente en todo lo bueno que haya hecho en el pasado, ayudándolo a santificarse, hasta llegar a la integridad que manifiesta Col. 3:10.

¿Y qué del futuro? Como dice Pablo en Filipenses 3:14, el creyente tiene por delante una meta, y como tal, tiene un premio cuando se corona. Y para coronarla se requieren por lo menos dos cosas:

  • Conocer con precisión la meta
  • Constancia, disciplina, compromiso y esfuerzo en el camino hacia la meta.

Las tres fases de la historia del creyente están necesariamente vinculadas

Si bien el presente y el futuro son consecuencia del pasado, en el hijo de Dios se puede amortiguar es e pasado perjudicial y caótico, si es que en el presente se aprovecha la sanidad que ofrece Jesús al corazón dolido, quizás traumatizado y maltratado, de tal manera que esa mente diariamente renovada y ese corazón aliviado, garantiza un entorno próximo equilibrado y armonioso.

Los secretos más íntimos del corazón, aquellos que marcaron generalmente en forma lesiva la vida pasada, pero que hoy son reconocidos y confesados a Jesús, van a traer sanidad y beneficio no sólo personal sino también a los que rodean al hijo de Dios.

La base para establecer un puente adecuado entre el pasado tormentoso y un futuro armonioso, es vivir el presente, el hoy, viviendo los mandamientos, consejos y retos inspirados por Dios en su Palabra de vida. Dicho de otro modo, la administración de la vida actual implica en cada etapa, identificar y aplicar principios muy bien definidos, según cada fase histórica de la vida del cristiano.

En cuanto al pasado:

  • Renunciar a la vieja manera de vivir. Ef. 4:22
  • Reconocer que Jesús sana el corazón de viejas heridas. I Pedro 2:24
  • Olvidar lo que quedó atrás como señal inequívoca de la efectividad del sacrificio de Cristo. Fil. 3:13
  • Saber que las experiencias amargas del viejo hombre, se pueden canalizar para bendición, como por ejemplo un ministerio dentro de la iglesia. Desde luego que las experiencias acertadas del pasado también cuentan para este fin.

En cuanto al presente:

  • Reconocer que sólo no es posible cambiar de estilo de vida: Se necesita incondicionalmente del poder del Espíritu Santo. Rm. 8:26
  • Ocuparse en la oración a todo nivel: petición, intercesión, alabanza y adoración
  • Dedicar tiempo a la Palabra de Dios: Memorizar, escudriñar, estudiar, analizar y profundizar en la Biblia
  • Vivir de acuerdo con las reglas de juego divinas: Obedecer, cumplir y acatar los principios bíblicos. Stgo 1:25
  • Asistir regularmente a la Iglesia, entregado(a) a un ministerio y recibiendo bendición de los hermanos. He. 10:25
  • Compartir a otros de la vivencia que representa ser creyente en Jesús. Ro. 10:9

En cuanto al futuro:

  • Saber que para el creyente que ha reconocido a Jesús crucificado como Salvador, el futuro en cuanto a la vida eterna está garantizado por la gracia de Dios. Ef. 2:8
  • Dejar toda ansiedad en cuanto al día de mañana. I Pedro 5:7
  • Establecer y definir las metas en todos los ámbitos de la vida (espiritual, social, intelectual, familiar, laboral) a las que el cristiano quiere llegar. Es conveniente definir pocas metas y cada una con plazos definidos, de tal manera que en la medida que se va alcanzando cada meta, se establecen nuevas metas y así sucesivamente
  • El futuro de la vida en la tierra está relacionado con mi compromiso con Jesús y con la guía del Espíritu Santo . Ro. 8:14

Tres preguntas respecto a la historia de tu vida
Después de esta reflexión caben tres preguntas para tí:

  1. Es esta tu historia? Si lo es, la salvación que recibiste por la gracia de Dios te invita a estar permanentemente en comunión con El. De esta forma tu vida seguirá cambiando, la paz de Dios te estará acompañando y día a día estarás madurando en todos los aspectos de tu vida.
  2. No estás muy seguro de que esta sea tu historia? En este caso de duda, reafirma tu fe en el Hijo de Dios quién te redimió y perdonó tus pecados, empieza tener comunión con Jesús y a recibir la sanidad en tu corazón, para disfrutar y afrontar la vida con todas las bendiciones y aprendizajes que Dios te muestra en la Palabra de Dios.
  3. No te ves en esta historia en sus tres fases? Entonces Dios te invita a que formes parte de ella, creyendo que la muerte de Cristo te perdon a tus pecados y te conduce a la vida eterna y recibiendo en tu corazón a Jesús como Señor y Salvador. En ese instante empiezas a disfrutar y afrontar un presente bajo la perspectiva divina y a garantizar un futuro como lo leíste en las líneas anteriores.

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