¿La Mujer En El Ministerio?

Por Marcos Wiit.

Se puede ser mucho más productivo al desatar los grandes talentos que residen dentro de las mujeres.

La pregunta misma me impacienta: ¿Debería la mujer tener un lugar en el ministerio? Me parece increíble que aún haya personas que la postulen con seriedad.

Si tenemos que tomar la Biblia y repasar las historias de mujeres que Dios ha usado a través de los tiempos para comprobarle a alguien que Dios usa mujeres, no valdría la pena ni el tiempo ni la molestia. La verdad es que Dios siempre ha usado mujeres para el avance de su Reino, está usándolas hoy y siempre las usará.

Crecí en un hogar con una gran mujer de Dios: mi mamá. A los 24 años de edad quedó viuda con tres hijos pequeños de 4, 2 años y de 7 meses. Yo era el niño de 2 años. Después de enterrar a su marido, nos regresamos a México, donde mi papá había comenzado una obra que ella continuaría. ¡Qué valor! ¡Qué decisión! Hasta el día de hoy, mi madre muestra extraordinarias cualidades de arrojo y empeño en todo lo que hace.

Una de las razones principales por las que sigue ministrando con gran capacidad es que al volverse a casar, después de ser viuda por casi cuatro años, se casó con un hombre que comprende el valor y el lugar de la mujer en el ministerio. Es un hombre tan seguro de sí mismo que no se siente amenazado por las grandes capacidades de mi mamá, y juntos han hecho un gran equipo de trabajo.

Este ejemplo de seguridad personal en un gran caballero es el que tuve desde mis cinco años cuando se casaron mis papás (a mi padrastro le llamo “papá”). Por esta razón, se me hizo casi imposible creer cuando supe que había hombres que se oponían al lugar de la mujer en el ministerio.

Quiero señalar, a pesar de lo que otros crean, que en estos tiempos Dios está liberando a la mujer latinoamericana para realizar todo su potencial en Él. Nuestro lugar como líderes y pastores es buscar todas las maneras posibles para que esto se dé. Nuestras esposas, hijas y mamás tienen ideas, creatividad, entusiasmo, entrega y arrojo para hacer mucho más que sólo cocinar y atender mesas en las reuniones sociales de nuestras congregaciones. No hay nada de malo con esa clase de actividad, siempre y cuando sea el llamado que ellas tengan a esa actividad y que no están siendo limitadas a sólo esas cosas.

Algunas de las congregaciones más grandes de América Latina son pastoreadas por matrimonios donde el éxito de la misma es atribuible en partes iguales, tanto al pastor como a su esposa. Por ejemplo, en esta edición de Vida Cristiana se encuentra Betty Freidzon en la tapa. Teniendo el privilegio de ser un amigo por más de una década de los Freidzon, le puedo asegurar que Betty es una parte importantísima en el éxito del ministerio de su esposo Claudio. Él por cierto es un líder seguro de sí mismo al grado que reconoce los grandes talentos de su mujer y permite que estos tengan expresión amplia. Como pareja, son un buen ejemplo de una definitiva tendencia que existe en todas las congregaciones grandes y crecientes del continente. Todo lo hacen juntos: el trabajo ministerial, la predicación y ministración, la resolución de problemas, etc.

Además, si uno investiga un poco más, se daría cuenta que dentro de esta clase de congregación existen mujeres en todos los niveles de liderazgo, alcanzando gran efectividad porque han descubierto el gran potencial que tienen. La lista es larga y creciente de líderes (varones) seguros en su liderazgo y ministerio que han descubierto que el liberar a la mujer a su potencial en Dios no minimiza su efectividad, sino al contrario lo hace crecer muchísimo más. Se puede ser mucho más productivo al desatar los grandes talentos que residen dentro de las mujeres.

Si dedicáramos más tiempo para encontrar, desarrollar, preparar y desatar a las mujeres de nuestras congregaciones, impulsándolas a su gran potencial en Dios, tendríamos muchísimos más resultados positivos. Hoy muchos líderes cristianos no experimentan más victorias en sus ministerios porque tienen en cautiverio a las mujeres de su congregación. ¡Desatemos a la mujer! Dejemos que el potencial que Dios ha puesto en ellas crezca y florezca para bendición de miles y millones de personas.

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